jueves, 10 de julio de 2025

🐎 No somos caballos: somos humanos, ¿se nos olvidó?


“No somos caballos, somos humanos.”

Así cierra la tercera temporada de El Juego del Calamar y, la neta, es una frase que pega. No por dramática, sino porque nos pone un espejo en la cara.


Vivimos en una sociedad que nos ha ido deshumanizando. La competencia, la prisa, el “sálvese quien pueda”, nos ha convertido en corredores sin descanso. Como si la vida fuera una pista y lo importante fuera llegar primero, aunque para lograrlo tengamos que pisotear al de al lado.


¿Y todo para qué? ¿Para seguir corriendo?

¿Neta ya no sentimos?


Nos hemos vuelto bien fríos.

Vemos desgracias en la tele y solo decimos “chin, qué feo”, y le cambiamos al canal.

En la calle, alguien se cae y volteamos a otro lado para no “incomodarnos”.

Ya no sentimos como antes. Y peor: ya ni nos sorprende no sentir.


“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”

(Mateo 24:12)


No se necesita ser religioso para entender esto. Solo hay que ver el mundo. El amor, la empatía, la compasión… se están enfriando. Y eso, nos está partiendo como sociedad.


¿Somos humanos… o solo obedecemos?


En El Juego del Calamar, los participantes siguen órdenes sin chistar, con tal de sobrevivir. ¿No es eso lo que muchos hacen todos los días?

Obedecer jefes, sistemas, rutinas, reglas que ni entendemos.

Agachar la cabeza y seguir caminando, aunque sepamos que algo está mal.


Pero la neta, no fuimos hechos para vivir así.


“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.”

(Romanos 12:2)


No se trata de vivir como rebeldes sin causa. Se trata de no perder la capacidad de cuestionar, de sentir, de actuar con conciencia. De volver a lo esencial: ser humanos.


¡Ya párale! No todo se trata de ti


Vivimos en una época donde el ego anda con todo.

Que si el éxito, que si mis metas, que si “yo primero”.

Y en el camino, se nos olvida que hay otros que también sienten, sufren, viven.


Nos enseñaron a pensar como si estuviéramos solos en la jungla, como si lo importante fuera sobrevivir… y no vivir juntos.

Pero la verdad, lo que más se necesita hoy es gente que no solo mire su ombligo.


“No busques solo tu propio bien, sino también el de los demás.”

(Filipenses 2:4)


¿Y ahora qué?


Mira, no se trata de cambiar el mundo mañana.

Pero sí de hacer pausas.

De mirar a los ojos.

De escuchar más y juzgar menos.

De entender que no estamos en una carrera.

Ni somos caballos.

Somos humanos.


Y ser humano no es solo nacer con forma de persona.

Ser humano es tener alma, compasión, conciencia.


Al final del día...


Cada quien decide cómo vivir.

Pero ojalá que cuando llegue el final de nuestra serie personal, podamos decir con orgullo que no corrimos solo por correr, ni que pisoteamos por avanzar.

Sino que vivimos con corazón.

Con humanidad.


Porque no somos caballos. Somos humanos.

Y eso ya es un poder en sí mismo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

una lección de resiliencia

El álbum del Mundial y la vida: una lección de resiliencia Cada cuatro años, millones de personas esperan con emoción el lanzamiento del álb...